Múltiples riesgos de un tratado lleno de rendijas

Firma del T-MEC. Foto: Miguel Dimayuga / Proceso

Proceso | Juan Carlos Cruz Vargas.-

La nueva etapa comercial de América del Norte, inaugurada el miércoles 1 con la entrada en vigor del tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) quedó enmarcada por la preocupación de los sectores productivos de los tres países por el uso político que puede darle el presidente Donald Trump, cuatro meses antes de las elecciones en las que busca su reelección; pero también hay alerta por el “cambio de reglas” por parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Lo anterior quedó claro en un posicionamiento conjunto firmado por el Consejo Coordinador Empresarial de México, la Cámara de Comercio de Estados Unidos y la Cámara de Comercio de Canadá, quienes expresaron el mismo miércoles 1:

“Instamos a los gobiernos a operar dentro del espíritu del acuerdo y a abstenerse del uso de aranceles por motivos de seguridad nacional. Nuestra asociación norteamericana no amenaza la seguridad nacional de nadie; por el contrario, es una gran fortaleza para los tres países. Sugerir que estos aranceles pueden regresar sólo amenaza cadenas de suministro transfronterizas relevantes. Más aún, el T-MEC sólo tendrá éxito en la medida en que los tres gobiernos demuestren compromiso, participación y, sobre todo, respeto a los marcos legales y regulatorios”.

Lo que está en juego no es cosa menor. Se trata, según la Secretaría de Economía (SE), de un tratado que representa a la región con 6.5% de la población del planeta; equivale a 18.3% de la economía mundial, y tiene implícita una capacidad exportadora que representa 15.9% de las operaciones comerciales a nivel global.

Una semana antes del llamado de atención de las principales representaciones empresariales, la American Fuel & Petrochemical Manufacturers (AFPM), que agrupa a refinerías y empresas petroquímicas en Estados Unidos, manifestó a Trump su preocupación por las “restricciones” a las inversiones por parte del gobierno de López Obrador al sector energético.

(…)

Previamente en el Senado se discutieron y aprobaron esas legislaciones, además de dos reformas legales: una al Código Penal Federal en materia de grabación no autorizada de obras cinematográficas, así como la Ley Federal de Derechos de Autor, en materia de protección de derechos de propiedad intelectual en el ámbito digital.

En este contexto López Obrador realizará una visita a Washington, donde se reunirá con Trump el miércoles 8 y el jueves 9, “con el propósito de iniciar la etapa nueva del T-MEC”.

En una de sus conferencias matutinas previas a la entrada en vigor del T-MEC López Obrador presumió: “A nosotros nos ayuda mucho porque es un momento oportuno. Estamos en una situación, como se sabe, difícil en lo económico y hemos echado a andar un plan de reactivación económica. Con el tratado vamos a lograr que mejore sustancialmente la economía del país, que llegue más inversión y se generen empleos en México. Entonces, es algo importante”.

En contraste, el director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, José Luis de la Cruz Gallegos, sostiene: “El propio T-MEC va a tener que enfrentar el hecho de que Estados Unidos, Canadá y México están en recesión, por lo que el efecto económico probablemente se va a ver restringido… Hay toda una serie de elementos que implican modificaciones; y México está llegando sin contar con la solidez suficiente para hacer esos cambios rápidamente para poder adaptarse a este nuevo entorno”. 

Fragmento del reportaje publicado en la edición 2279 de la revista Proceso, ya en circulación.

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