Emergencia sanitaria impone una economía de guerra

Aspectos de la Comparecencia de Arturo Herrera, Secretario de Hacienda, en el Senado de la República. Foto: Benjamín Flores / Proceso

Proceso | Claudia Villegas.

La batalla contra el coronavirus está cambiando las prioridades económicas del mundo en una lógica de economía de guerra, que impone la necesidad de realizar acciones rápidas, como efectuar cambios en las líneas de producción, transferencias de efectivo a poblaciones vulnerables, establecer paquetes de ayuda fiscal a todos los sectores, así como alianzas con el sector privado mediante políticas contracíclicas.

“No estamos exagerando cuando hablamos ya de una economía de guerra con aislamiento, donde el empleo se reduce, los bienes de consumo duradero no se venden y la demanda se cae. Ante la incertidumbre, las familias se vuelven extremadamente cautelosas, las empresas están en riesgo y los gobiernos tienen que apoyar”, comenta en entrevista Luis Foncerrada Pascal, economista en jefe de la Cámara Americana de Comercio.

“La situación es inédita. No tenemos mucha referencia de cómo actuar, independientemente de que los gobiernos están tomando las decisiones en los momentos en que son pertinentes y que ahora la decisión aquí es cómo reactivar la economía en medio y después de esta crisis”, asegura en entrevista Calixto Mateos, director del Banco para el Desarrollo de América del Norte (BDAN).

La economía mexicana exhibe, sin embargo, además del distanciamiento entre su gobierno y el sector privado, un agudo estancamiento crónico y una debilidad estructural que en las últimas dos décadas le han impedido crecer o generar empleos formales, y que amenazan la estabilidad de sus finanzas públicas. En México, a pesar de las demandas del sector privado, no hay una definición en torno de los programas contracíclicos que se esperan desde hace semanas.

Por ello, no es sólo el impacto del Covid-19 el que la agencia calificadora Standard & Poor’s (S&P) tomó en cuenta el pasado jueves 26 para bajar la calificación de la deuda soberana del gobierno mexicano, sino la escasa perspectiva de crecimiento frente a países más pequeños, como Panamá, Perú, Filipinas o Tailandia, así como el deterioro en el ambiente de inversión y el riesgo de que se agudice la caída en la recaudación tributaria.

“Varios países que tienen la misma calificación de deuda que México están creciendo a tasas de 6% anuales y México apenas logró 2% en sus mejores momentos”, indica Alonso Cervera, economista en jefe para América Latina de Credit Suisse.

Y el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico coincide en que la economía mexicana llegó debilitada al momento histórico que se vive en el mundo. En 2019, agrega la institución, la economía retrocedió 0.14% y en 2020 la caída del PIB fue de 0.7%. En lo que va del sexenio de Andrés Manuel López Obrador el promedio de crecimiento del PIB fue de -0.2% y sólo 28.6% de los meses de su gobierno ha tenido una tasa de variación positiva.

Este ajuste en la calificación –dice Cervera– ya era de esperarse, porque en diciembre pasado S&P había bajado la perspectiva de la calificación a negativa, lo que sugería que era probable que tomara una acción en torno al ajuste de la calificación en los siguientes trimestres. Continuar leyendo […]

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