TLCAN. ¿Cómo llegamos aquí?

Dr. Arturo Oropeza

Por: Arturo Oropeza García

TLCAN o confusiones encontradas.
Sentimientos patrios de defensa del país frente a una hegemonía insensata.
Todos unidos a fin de evitar el quebranto económico, entre rezos y veladoras.
Loas a un equipo económico que durante más de tres décadas nos condujo a este punto de postración donde nuestro único margen de maniobra ha sido nuestra docilidad y grado de sumisión.

¿Cómo llegamos a este punto? ¿A este grado de incapacidad de defender correctamente el futuro económico del país y el interés nacional?

Resulta evidente que la crisis TLCAN no es de hoy. Tampoco su pasado se remonta a la llegada de Trump a la Casa Blanca. Cuando más, el mérito de Trump en esta trama ha sido la de develar con sensibilidad de desollador el declinamiento económico de una región que las últimas décadas se ha negado la oportunidad de cuestionar sus resultados económicos, permitiendo con ello el adelanto de nuevos actores y nuevas estrategias, de manera especial, las asiáticas, que han cambiado estructuralmente ese orden global de los noventa donde se firmó el TLCAN.

El problema de México tampoco es de hoy. Se remonta a los días en que el poder público cayó seducido por un dogma neoliberal al cual confío el destino económico del país con un alto nivel de irresponsabilidad.

Cuando decidió cancelar de un plumazo una larga etapa económica que si bien padecía la ausencia de su reestructuración, venía del milagro económico mexicano donde durante 40 años de éxito, el país intentó por primera vez su participación en el concierto de la industria global.

Nuestro menoscabo viene también del momento en que se decidió una apertura draconiana de fronteras que en un cuarto de siglo costó cerca del 80% de la industria nacional. Cuando se renunció a la apertura selectiva y progresiva que capacitara a los empresarios nacionales y al gobierno respecto a una realidad industrial exterior que estaba todavía muy lejana de su cultura de transformación.

Surge de igual modo del momento en que sin ningún pudor se decretó que la mejor política industrial era la que no existía, en una arenga al vacío donde la insensatez de la convocatoria dejó a la industria nacional huérfana de apoyos públicos, a merced de estrategias publicas más sensatas y comprometidas con su desarrollo nacional, que hoy resultan más poderosas económica y comercialmente respecto a nuestra oferta nacional.

De manera especial, esta visión equivocada del desarrollo colapsó la cultura de la transformación de empresarios, obreros y funcionarios públicos, quienes ante el llamado a denostar el desarrollo industrial, acallaron y censuraron cualquier tipo de propuesta que se formulara en este sentido.

Ahora, 30 años después, Macron en Francia, por ejemplo, declara que la desindustrialización francesa es una de las causas de su desgracia económica. Trump asegura que han sido robados y a tajos de carnicero trata de recomponer un desarrollo industrial al que renunciaron hace décadas, a fin de precarizar la mano de obra del mundo.

México, por su lado, ahora se esconde en un incremento exportador y un corredor industrial del centro del país, que con todas sus bondades, nunca ha alcanzado para satisfacer los requerimientos esenciales de su desarrollo, bajar los niveles de pobreza o mejorar la desigualdad. Por el contrario, sus insuficiencias junto con la corrupción política han sido los gérmenes de una descomposición social que hoy amenaza el futuro económico y político del país.

Por eso ahora, frente a Trump, había que prender veladoras, porque carecemos de una oferta nacional exportadora suficiente a la cual podamos pedirle que se redireccione a otros mercados. Por eso hubo que usar a la docilidad y la sumisión como monedas de cambio, porque la estrategia de las últimas décadas nos dejó sin margen de maniobra para operar.

Ahora, ante la posible ganancia de tiempo y la cancelación del diluvio económico, ante la aceptación de la cicuta ofrecida por Trump, nada termina, todo comienza.

Ante los estertores del neoliberalismo tal como lo impuso el Consenso de Washington. Ante el ascenso de China y el éxito asiático, se abre el difícil camino de construir lo nuevo, para que el país no vuelva a vivir sin alternativas la fuerza del oprobio.

Se permite el uso, distribución y difusión del contenido publicado en IDIC.mx toda vez que se cite la fuente, se vincule al artículo en nuestro sitio web y se mantenga la intención del contenido. En caso de que no sea de autoría del IDIC A.C. se deberá consultar con el autor original.