El peso de la inercia, reto a superar

José Luis de la Cruz | Publicado en: El Sol de México.

La administración del virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, deberá enfrentar el peso de la inercia si desea realizar sus propuestas.

El bajo crecimiento económico es el mejor ejemplo del reto a superar, es causante de los desequilibrios sociales y productivos, como el de la pobreza.

Todo el marco institucional y administrativo del gobierno federal se ha elaborado para obedecer la lógica de un modelo que en teoría debería elevar la competitividad y productividad de la economía, pero que en la práctica no lo ha logrado.

¿Se puede concebir que el mismo modelo causante del bajo desarrollo económico y social pueda revertirlo con solo algunas modificaciones?

La probabilidad es baja, la evidencia lo muestra. Se ha intentado reformar al modelo aplicado desde 1986, pero el éxito no ha llegado.

Se debe ser claro, la elaboración sexenal del Plan Nacional de Desarrollo, de los programas sectoriales, del Pronafide, la aprobación de reformas estructurales o la creación de comités y consejos no ha alcanzado para revertir el crecimiento económico de 2% que atrapó a México desde hace 36 años.

La revisión de los documentos citados permite aseverar que algunos contenían un buen diagnóstico y propuestas correctas, sin embargo, la realidad hace evidente que ello no basta: el modelo tiene fallas estructurales que van más allá de su implementación.

Se requiere de una nueva lógica de política económica que evite dogmas y privilegie resultados: mayor crecimiento, inversión productiva y empleo formal. Gasto de gobierno eficaz, orientado a resultados: en las últimas cuatro décadas se han hecho ajustes fiscales que no redundaron en mayor crecimiento.

La inercia institucional que ha causado el bajo crecimiento es grande y no se le debe subestimar. Para revertirla se requiere una nueva política económica acompañada de políticas públicas definidas y comprometidas con la atención de los problemas que inhiben el crecimiento y el desarrollo.

La apertura económica reclama un sistema productivo innovador, educación de alta calidad orientada a las ingenierías, profesiones técnicas y servicios de alto valor agregado, mayor financiamiento, evitar el exceso de trámites que generan corrupción y desalientan el emprendimiento, combate a la corrupción, transparencia y reducir la informalidad.

La austeridad ha sido parte de la vida diaria de la mayor parte de los mexicanos y de las empresas. Sólo el crecimiento puede regresar el bienestar social y económico que se perdió por las crisis desde la década de los años 70 del siglo XX.

La reconstrucción de la política económica y de la administración pública es indispensable para aplicar nuevas estrategias que permitan superar la fuerza centrípeta del 2%, de la pobreza, la elevada quiebra de empresas y la corrupción.

México deberá transformar su marco institucional y administrativo en materia de política económica para tener éxito, de otra manera el peso de la inercia y del funcionamiento “orgánico” terminarán por absorber la transformación que el país requiere. Continuar leyendo […]

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