¿Una ruta de crecimiento acelerado con igualdad? ¡Sí se puede!: El caso Vietnamita

Por: Mauricio de Maria y Campos | Publicado en El Financiero.

Después de tres décadas de crecimiento mediocre (2.2 por ciento anual en promedio), con un ingreso por habitante estancado, crónica pobreza y desigualdad, y una angustiosa dependencia de nuestro malqueriente vecino del norte, México necesita recuperar urgentemente una senda de desarrollo sostenido, con crecimiento económico acelerado, mayor inclusión social, igualdad y orgullo nacional. ¿Se puede? La pregunta es clave para México y el próximo gobierno.

Un número creciente de economistas argumentamos que sí se puede, si adoptamos un nuevo modelo de desarrollo con visión de largo plazo que reconozca nuestras propias experiencias pasadas, realidades actuales y retos previsibles, y al mismo tiempo aproveche las experiencias exitosas de naciones como, Alemania, Japón, Finlandia y más recientemente Corea del Sur, China y Vietnam.

Convocados por José Romero de El Colegio de México, un grupo de economistas políticos, hoy en la academia -con experiencias de gobierno en México, el exterior y en organismos internacionales- hemos venido realizando durante el último año estudios de desarrollo comparado que muestran que hay un espacio en México y otros países para impulsar procesos de crecimiento acelerado a largo plazo que generen empleos, salarios decentes, bienestar social e innovación, y que las oportunidades se pintan solas para iniciarlos cuando hay la voluntad nacional, el liderazgo con legitimidad social y los pactos nacionales conducentes.

Cada país exitoso tuvo y tiene una historia cultural, política, económica y social específica y distinta. Los hay de economías capitalistas, mixtas y socialistas. Se han enfrentado a diferentes desafíos históricos, geoestratégicos, de recursos naturales diferentes, a conflictos diversos internos y con potencias vecinas o lejanas en su momento, así como a la necesidad de crecer, competir, conciliar intereses y cooperar para consolidarse como naciones independientes.

Lo importante es que todas ellas han logrado despegar en su momento como naciones prósperas mediante procesos políticos de transformación deliberada, impulsadas por un Estado desarrollador -con visión de desarrollo nacional a largo plazo- que en medio de la adversidad o tras periodos largos de estancamiento o de conflicto han generado un movimiento nacional compartido por las élites, pero también un consenso nacional de que el sacrificio y el esfuerzo nacional valen la pena porque hay no sólo esperanza, sino también confianza de que está ocurriendo o habrá de ocurrir en el mediano plazo una mejora real en su nivel de bienestar.

Me ha correspondido examinar el caso de Vietnam, que visité por primera vez en 1994 como director general de la Organización de Naciones Unidad para el Desarrollo Industrial, cuando el país apenas había iniciado su Doi Moi (renovación) desarrollista y aperturista en 1986, con una enorme voluntad interna de crecimiento y el apoyo de la cooperación europea. Era una nación de 74 millones de habitantes, muy pobre, con una infraestructura física y social destruida por las guerras de independencia frente a Francia y Estados Unidos. Al igual que en China diez años atrás, las bicicletas eran el principal vehículo de transporte de sus habitantes en las ciudades.

Sin embargo, contaba con una población ansiosa por mejorar su nivel de vida, con una tradición confusionista de disciplina y trabajo y una solidaridad impresionante con el liderazgo nacional del Partido Comunista de Vietnam, que se había legitimado en las guerras de liberación. Me impresionó su avidez por aprender e innovar y por su permanente horizonte de largo plazo. Sus funcionarios se interesaban entonces por las lecciones de la ONUDI y de México en materia de desarrollo industrial.

Clave fue la construcción de un Estado socialista, gobernado por el Estado de derecho occidental, como base para la operación de una economía capitalista y la protección de la propiedad privada que buscó maridarse con los principios socialistas y el papel predominante del liderazgo del Partido Democrático de Vietnam. Este se abocó desde un principio a promover el desarrollo y el cambio estructural productivo del país, otorgándole prioridad a la inversión en infraestructura y la producción agrícola, luego a la industrial y más recientemente a las ramas de alta tecnología y servicios a través de planes quinquenales y de diez años.

Visité Vietnam en diciembre pasado, plagado de autos y sobre todo motocicletas, el principal vehículo de transporte familiar. Pude comprobar la gran transformación realizada desde entonces a lo largo del país. Vietnam cuenta hoy con 96 millones de habitantes. Ha tenido entre 1995 y 2017 la segunda tasa de crecimiento más elevada del mundo (7. 5 por ciento anual en promedio), superada apenas por China. El PIB per cápita se ha elevado de 100 dólares estadounidenses por habitante (990 PPP) a dos mil 200 dólares (seis mil dólares PPP), una tasa promedio anual de 5.5 por ciento entre 1990 y 2015. Para 2035 tiene, según el Banco Mundial, fuertes posibilidades de alcanzar el ingreso per cápita de Corea del Sur.

Lo más importante es que el crecimiento ha sido muy incluyente. El ingreso per cápita del 40 por ciento más pobre ha crecido a una tasa de 9.0 por ciento anual desde la primera mitad de los 90, superando el crecimiento del ingreso del 60 por ciento más rico, lo que ha significado mayor igualdad y reducción notable de la pobreza. Las inversiones en educación, salud, vivienda e infraestructura social y los salarios reales crecientes han sido palanca del bienestar. Este crecimiento ha permitido a su vez el aumento del consumo, del mercado interno y de la inversión. En el primer trimestre de 2018 la inversión creció a un 10.4 por ciento, elevando la inversión total a 32 por ciento del PIB, nivel cercano al de China e India. La inversión privada está creciendo a 16. 4 por ciento; la IED al ritmo de 8.0por ciento anual. Un círculo virtuoso insólito.

La industria manufacturera ha sido clave en el milagro vietnamita, creciendo al 10 por ciento anual, algo similar a lo que ocurrió en México durante el desarrollo estabilizador. Cabe destacar que la política industrial -con fuerte contenido sectorial y regional a través de inversiones en Zonas Económicas Especiales- ha ocurrido en una economía que tiene acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, la UE, China, ASEAN y recientemente firmó el CPTPP, a la vez que ingresó al Banco Asiático de Infraestructura. El impulso ha venido del mercado interno, a la vez que de las exportaciones -muy diversificadas por países (Estados Unidos representa 21 por ciento, China 13 por ciento, Japón 8.0 por ciento), que crecieron en 2017 a 21.2 por ciento y este año lo harán a 20 por ciento, apoyadas por una población joven, con salarios reales todavía bajos, pero en ascenso.

El secreto: un sector industrial estatal importante, al estilo chino, con posiciones dominantes en algunos sectores, pero también un sector privado creciente, que cuenta con apoyo de una banca comercial estatal nacional y de la banca de desarrollo (policy banks al estilo asiático) que impulsan con fuertes y competitivos créditos de largo plazo y capital de riesgo las inversiones de expansión, modernización e innovación, y un sistema fiscal descentralizado que merece un capítulo aparte por su capacidad de movilizar y canalizar recursos financieros con participación compartida entre autoridades centrales, provinciales y locales.

¿Retos pendientes? Muy diversos. El medio ambiente se ha deteriorado, el gobierno sigue siendo muy autoritario, como en China.

México tiene sus propios logros, retos y oportunidades de desarrollo estratégico.

Recomiendo a nuestro próximo gobierno poner atención a estas reflexiones, así como a las que se proponen en el informe México Próspero Equitativo e Incluyente del Centro Tepoztlán Víctor Urquidi y otros informes coincidentes, como los del Grupo Nuevo Curso de Desarrollo de la UNAM y el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento (IDIC). Propuestas inteligentes y creativas de cambio a largo plazo las hay. Hace falta un liderazgo gubernamental, empresarios innovadores y una ciudadanía participativa para sortear nuestra encrucijada y avanzar. Fuente […]

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