El drama del buen empleo

Milenio

Por: Héctor Farina Ojeda | Milenio.

Mientras la buena noticia señala que el nivel de desempleo en México registrado en el mes de marzo es el más bajo de los últimos 10 años, su contraste nos presenta una situación crítica: los trabajadores mexicanos se encuentran en los primeros lugares a nivel mundial por padecer estrés laboral, además de que el 57 por ciento de las personas ocupadas se encuentran en la informalidad y que los salarios que se perciben se encuentran entre los más bajos de Latinoamérica. El problema del empleo no se está dando en la generación sino en la calidad, lo que nos habla de un mercado laboral precario, en el que se paga poco, se exige mucho y se dan escasas garantías para el futuro.

Lo dijeron claramente Erika Villavicencio Ayub y Gladys Martínez Santiago, académicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): 85 por ciento de las organizaciones son tóxicas, no cuentan con las condiciones adecuadas para los trabajadores, no cuidan a sus talentos y generan diversos trastornos relacionados al trabajo, como el estrés, adicción al trabajo, burnout, acoso laboral e incluso “presentismo”. Para una economía que tiene problemas de productividad, la descripción que hicieron las investigadores resume una crisis profunda de trabajadores mal pagados, que en algunos casos son sobreexplotados sin el reconocimiento justo, y en otros casos -sobre todo en la función pública- se los reconoce por presentismo, o sea, por sólo presentarse al trabajo aunque no tengan productividad.

A todo esto debemos sumarle la visión del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC): el problema es la calidad del empleo debido a que sólo uno por ciento de la población ocupada tiene ingresos superiores a 10 salarios mínimos. Sólo 3.4 por ciento de las personas ocupadas tiene un ingreso de bienestar mientras que 20.6 por ciento vive en la precariedad absoluta. Esto indica que los resultados del esfuerzo de los trabajadores se reflejan en salarios insuficientes, en condiciones precarias y en una escasa seguridad. Hay una marcada desigualdad de ingresos en el mercado que abona a una ya notable desigualdad en cuanto a la riqueza y en cuanto a los beneficios sociales. Continuar leyendo […]

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