‘Todos llegamos tarde a China’

En su más reciente libro, "Del Atlántico al Pacífico: hacia un nuevo orden global", Arturo Oropeza explica la inevitabilidad asiática. Foto: Tomás Martínez

Reforma | Miguel de la Vega

Cd. de México (27 agosto 2017).- Un viejo proverbio chino dice que no se puede viajar al sur con la carroza andando hacia el norte. El investigador Arturo Oropeza García no tiene dudas: México necesita entrar al siglo XXI y voltear a Asia del Este, región que ha estudiado por más de 20 años. Ante la renegociación del TLCAN, advierte, seguir el camino asiático no es una opción sino una necesidad.

Mientras el gobierno sigue pensando si algún día voltea a ver a Asia, usted afirma que es algo inevitable…
Asia es una realidad para el mundo, ya no nada más para México. Asia, como la humedad, es parte de todos nosotros y nos inunda, nos abraza, nos muerde, nos golpea de diferentes maneras. Creo que Asia está más adentro de los huesos del mundo global de hoy de lo que se reconoce.

¿Por qué le cuesta tanto a México voltear hacia allá?
Porque México no ha entrado al siglo XXI.

¿Por qué no ha entrado?
Por el dogma, por la sobredependencia a Estados Unidos. Son inercias que México no ha podido quitarse, no ha podido romper y, por lo tanto, seguimos en un carril que resulta cómodo para ciertos actores públicos o privados. Ésa es la razón principal por la que nos hemos negado a construir una nueva agenda para el siglo XXI.

¿Estamos más cerca de Filipinas que de Ohio?
Los dos deben ser importantes. Hemos caído siempre en el debate de Estados Unidos o América Latina, Estados Unidos o Europa. Por esa falsa disyuntiva, nos hemos perdido de muchas cosas. Tal vez no Filipinas, pero sí Asia del Este, China, Japón, India, Rusia, economías y modelos económicos que son ganadores desde hace 50 años.

¿Estamos preparados para relacionarnos con ellos?
¡Estamos obligados! Por eso tenemos que generar una nueva visión y una nueva estrategia. Nos hemos preparado para mal manejar un TLCAN y hemos construido la generación del 2 por ciento: los jóvenes que nacieron de los 80 para acá son las generaciones del 2 por ciento. No han conocido que este país haya crecido al 4, al 5 o al 6 por ciento.

¿Cuál es la clave para descifrar al dragón?
Primero, reconocer que hay un dragón, que lo tenemos en la sala. Algunos, como Estados Unidos, lo tienen en la recámara y lo niegan. ¿Qué pasa con el TLCAN ahorita? Es un toma y daca entre Estados Unidos y México de puros temas menores, pero no aparece el tema de China, que es en realidad el actor más relevante del TLCAN.

¿Por qué?
Estados Unidos, de 2000 a la fecha, por balance comercial ha perdido con China más de 4 billones de dólares; México, más de medio billón de dólares, y Canadá, más de 200 mil millones de dólares. Es decir, que América del Norte, en conjunto, ha perdido cerca de 5 billones de dólares nada más con China. Si agregáramos Asia del Este, estaríamos hablando de una cifra de por lo menos 6 billones de dólares de pérdida en el intercambio de comercio.

¿A China no se le enfrenta, se le administra?
Administrar con la idea de, por lo menos, reducir daños y ver qué posibilidades hay de conseguir cosas.

¿Se puede confiar en la China capitalista?
China ya es un hegemón y en los hegemones no se puede confiar. Los hegemones no se traicionan a sí mismos ni a sus intereses. Uno tiene que partir de la idea de que está negociando con un hegemón, como lo es Estados Unidos. Y los hegemones ya sabemos que tienen intereses, no tienen amigos.

En su libro, afirma que vamos hacia un dominio total de Asia… 
La inevitabilidad asiática, como le llamo, es el predominio de lo asiático a lo largo del siglo XXI. No es sólo el tema comercial, sino una decadencia de la era occidental como a nosotros nos tocó verla, vivirla y admirarla. El surgimiento asiático es inevitable.

¿Hemos tenido una clase política miope ante Asia?
El mundo en sí ha negado la realidad China, llega tarde a ella y hoy no entiende a China.

Tardamos 150 años para que un candidato dijera “inglés e internet para los niños”. ¿Pasarán 100 años más para voltear a ver a China?
Ojalá que no, aunque no hay una agenda de México con China y las tres últimas administraciones han salido con problemas diplomáticos con China. No tenemos ni siquiera una agenda, ya no digamos una verdadera alianza estratégica. Nos hemos negado a esa oportunidad y eso es negarse al futuro.

¿Cree que alguien podría enarbolar este tema en 2018?
Lo van a tener que hacer y ojalá lo hagan más pronto que tarde. Ya no es una opción de diferenciación, es reconocer una realidad, porque es tan evidente ya el peso económico, el comercio, las inversiones, la producción, la manufactura, la generación de riqueza, que negarlo es, obviamente, negarse a tener opciones en el futuro.

¿Cuál fue el costo de ignorar a Asia?
Seguir en esta inercia del crecimiento de sólo 2 por ciento, seguir bloqueados en el dogma de una estrategia de desarrollo que ha sido mediocre y que no ha dado al país lo que necesita.

¿Estaríamos mejor sin el TLCAN?
Es una herramienta complementaria que ha tenido cosas positivas y negativas. Hay que verlo así, como una herramienta. Verlo como el gran tótem del desarrollo económico es el error que hemos cometido los últimos 30 años de todos.

¿Es una opción salirse del acuerdo?
No es la alternativa, hay que maximizar la herramienta del TLCAN en la medida que Estados Unidos nos dé márgenes, pero hay que crear una nueva estrategia integral del desarrollo nacional para el 2050. Y debemos comenzar por revisar el modelo, porque es evidente que no está dando lo que el país necesita y ahí el modelo asiático de desarrollo tiene muchas lecciones.

Dígame una…
La responsabilidad del Estado en el desarrollo económico del país es una gran diferencia entre el modelo asiático y el modelo occidental. No estamos hablando de la clásica y vieja intervención de los 60 y 70, sino de una participación responsable, como dice Mazzucato. Por ejemplo, el programa China 2025 busca que, de todo lo que fabrica y exporta ese país, tenga el 75 por ciento de contenido nacional. Eso es algo totalmente diferente a la erosión de la fabricación nacional que ha pasado en México, en Estados Unidos y, en general en occidente.

¿Qué se necesitaría para que México lograra un cambio de paradigma como el que tuvo China? 
Recordar que Deng Xiaoping era parte del mismo grupo de Mao y que tenía 74 años cuando asumió el poder en 1978. Es decir, a veces la respuesta al relanzamiento de los países no está muy lejana de sus propias realidades, son las coyunturas históricas las que las definen. En México, ante este agotamiento que vive el país, tenemos que encontrar al actor que tendrá que repensar nuestro futuro y creo que no estamos lejos de que eso suceda.

¿Ve alguno?
No me atrevería a decir nombres, pero creo que el momento sí es muy propicio, sobre todo el año que viene, de repensar el país y relanzarlo ahora sí al siglo XXI.

¿Qué libro le recomendaría a los presidenciales?
Las memorias de Deng Xiaoping. Son muy lúcidas, muy pragmáticas y muy interpretativas del momento que se vive hoy. Creo que el leer a un hombre que a su edad invitaba al pueblo a ser audaz, a ser valiente y a repensar las formas del éxito puede ser muy útil para la persona que llega.

¿Donald Trump es una amenaza o es sólo un mal momento? 
Trump es un elemento de inflexión que acelerará el debilitamiento de Estados Unidos y América del Norte con él. Trump está lejos de ser una mala broma, ojalá y lo fuera.

Cada semana Trump logra caer todavía más bajo y no pasa nada… 
Sí pasa, no lo vemos, pero sí pasa: detiene la marcha de Estados Unidos y acelera el ascenso de China.

¿Es el Nerón de su propio imperio?
Yo creo que sí, no exageraríamos si dijéramos que Trump es Nerón o Calígula.

¿En qué momento se enamoró usted de Asia?
Hace 16 años mi ignorancia total sobre Asia me hizo ir a China por primera vez. Todos llegamos tarde a China. Occidente hoy vive el costo de haberse olvidado de Asia.  Fuente […]

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