TLCAN, el peso de la historia alcanzó a México

El Universal

El Universal | José Luis de la Cruz.

Sin importar el resultado de la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), México deberá modificar su modelo económico, la lección debe ser asimilada.

La evidencia del agotamiento del modelo de apertura maquiladora, de lógica monoglobalizadora y dependiente de la dinámica manufacturera de Estados Unidos, volcada hacia el encadenamiento al exterior al mismo tiempo que se debilitaba la vinculación interna, era contundente desde antes que Donald Trump planteara la necesidad de revisar el TLCAN.

La baja productividad del modelo de apertura mexicano fue puesta en evidencia por las propias instituciones oficiales, la mejor prueba de ello quedó reflejado en las declaraciones del titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, en 2013: “Vemos que en México hay dos historias: una de un crecimiento sostenido de la productividad entre 1950 y por lo menos a mediados de los 70, y otra donde la productividad decae y después se estanca”.

Paradójicamente el segundo periodo citado es el de la apertura económica, cuando en teoría se tenía que propiciar una mayor productividad y competitividad de la economía.

Un razonamiento similar fue sintetizado en el proceso de aprobación de la Ley para el Incremento Sostenido de la Productividad y la Competitividad de la Economía Nacional.

De acuerdo con el análisis económico presentado en su exposición de motivos, se puede concluir que el proceso de apertura no ha incidido en el desarrollo económico del país, entre otras razones porque la elasticidad ingreso de la demanda de importaciones ha aumentado y generado un déficit comercial estructural: la nación eleva su dependencia de los bienes e insumos externos para producir de tal manera que su balanza comercial es deficitaria de manera permanente.

La implicación de esto último es un impacto negativo en el crecimiento económico de México.

El análisis es lapidario respecto a las exportaciones, “para que el PIB crezca, por ejemplo, 6%, con los niveles actuales de la elasticidad ingreso de la demanda de las importaciones actuales, las exportaciones deberían crecer 27% anual”. Una cifra inalcanzable para una economía de baja productividad.

De igual forma la revisión es contundente con los beneficios de la Inversión Extranjera Directa, al señalar que no ha generado el acervo de capital necesario en todo el país porque se ha centrado en enclaves: solo tiene una influencia limitada. Continuar leyendo […]

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