Hecho en México: José Luis de la Cruz #Opinión

La Silla Rota

La Silla Rota | José Luis de la Cruz

La amenaza externa contra la seguridad nacional que representan los planteamientos y presiones del presidente de Estados Unidos debe enfrentarse con la reconstrucción de la fortaleza interna, aquella que se abandonó durante los últimos 30 años.

Durante décadas México tuvo una identidad nacional que logró transmitir a todo el continente americano. La influencia cultural y económica de México también llegó hasta Europa y el Lejano Oriente. Había orgullo por lo nacional.

Parte de esto se incubó dentro del llamado Milagro Mexicano, una estrategia de crecimiento endógeno que hizo posible alcanzar un desarrollo interno sólido que fructificó en un progreso social no visto antes.

A lo largo del Desarrollo Estabilizador se crearon empresas que permitieron alcanzar un nivel de industrialización superior al registrado en América Latina y al contabilizado en el Pacífico Asiático, salvo para el caso de Japón.

Todo eso se terminó con la apertura económica que siguió a la crisis de la década de los años ochenta. El endeudamiento, la corrupción y la ineficacia de las finanzas públicas desvirtuaron el modelo económico.

Derivado de los compromisos contraídos con los organismos internacionales y el gobierno de Estados Unidos, México negó su pasado. Se minó lo Hecho en México.

Se etiquetó de “setenteros” y “proteccionistas” a quienes señalaron la necesidad de preservar industrias y sectores estratégicos. Fue más fácil sacrificar a empresas mexicanas en la industria automotriz, de la electrónica, de maquinaria y equipo que a la corrupción alrededor de Pemex o de otras empresas paraestatales.

La modernización y competitividad que se le pidió a la empresa privada no llegó a la administración pública, hoy la mejora regulatoria sigue siendo una asignatura pendiente en los tres niveles de gobierno.

Además, el paradigma de la apertura se volvió “paradogma” y se estigmatizó a quienes plantearon la necesidad de buscar fortalecer la base productiva nacional, de retomar lo Hecho en México. Era más fácil volverse “facilitador” y “promotor” de inversiones en nuestro país que diseñar e impulsar una estrategia de desarrollo económico que incluyera el fomento industrial, la creación y el fortalecimiento de las cadenas productivas.

Afortunadamente las cosas empiezan a cambiar, aunque todavía sea de manera incipiente y más por necesidad que por convicción.

La postura de Donald Trump ha obligado a explorar la opción de lograr el Fortalecimiento Productivo del Mercado Interno y con ello de impulsar lo Hecho en México.

Sin lugar a dudas que el objetivo es positivo porque implica preservar el empleo y la inversión, dos elementos fundamentales para impulsar el crecimiento económico en un momento en donde el gobierno de Estados Unidos busca frenar el intercambio comercial con nuestro país.

Para dotar de contenido al programa que busca impulsar lo Hecho en México se deben dar pasos firmes y en la dirección adecuada. No sólo se trata del consumo de bienes finales, se debe buscar que el gobierno y las empresas privadas aumenten la compra de insumos intermedios que se fabrican en el país. Ahí se encuentra la verdadera oportunidad de crecer.

El 75% de las importaciones de México son de insumos intermedios, casi 300 mil millones de dólares. La sustitución competitiva del 10% de esa cifra implicaría un crecimiento adicional del PIB en más del 2 por ciento. En otras palabras: podríamos duplicar el ritmo de crecimiento de los últimos 4 años. Con facilidad crearíamos más de 1 millón de empleos. Las finanzas públicas duplicarían su recaudación ¿Por qué no de hace? Porque nos entregamos al sueño del libre comercio que Estados Unidos ha roto.

¿Se puede lograr el cambio? El gobierno federal tiene la llave en su mano, sus compras y la inversión en infraestructura son la clave. Si los proyectos del nuevo aeropuerto, carreteras, sector energético, puertos y el gasto de operación favorecen lo Hecho en México se tiene el primer elemento para garantizar el éxito del programa. Más aún si esto llega a la obra y erogaciones realizadas por los gobiernos estatales.

Las empresas maquiladoras son el segundo gran pivote. De acuerdo al INEGI, sólo 25% de los insumos intermedios utilizados por las empresas manufactureras registradas en el programa IMMEX son de origen nacional. Si esa cifra se eleva al 50% México podría crecer más del 4 por ciento.

Para que ello ocurra se debe configurar una nueva estrategia de política económica, una que tenga a la política industrial como columna vertebral. La banca de desarrollo y los fondos de la Secretaría de Economía deben emplearse para el fortalecimiento productivo de las empresas, no sólo para la promoción de inversiones y mejora del entorno de negocios.

Finalmente es necesario que se rompa con el falso dilema entre lo nacional y la apertura económica. Corea del Sur, Japón, Singapur, China, Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos tienen presencia internacional en función de sus empresas nacionales, la mayoría de ellas son grandes trasnacionales.

El momento de impulsar lo Hecho en México llegó, para ello será necesario impulsar un nuevo marco legal que impulse el contenido nacional a partir de una nueva estrategia de política industrial. La presión de Donald Trump ha detonado dicho cambio. Continuar leyendo […]

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