Frente a Trump, México es el reto y México es la respuesta #Opinión De Maria y Campos

El Financiero | Mauricio de Maria y Campos

Es hora de despertar.

Hace 30 años el fin de la Guerra Fría y el paradigma condujeron a pensar que la solución a los problemas de México podría ser detonada desde afuera. La integración a la nueva economía global a través primero de una apertura comercial acelerada al comercio y a la inversión extranjera -consolidada y hecha irreversible en 1994 mediante el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (EU) y Canadá-, acompañadas por la retirada del Estado, el libre mercado y algunas medidas sociales compensatorias, eran la mejor garantía para un crecimiento acelerado y competitivo de la producción, fincado en las exportaciones.

Lamentablemente, a diferencia del acuerdo entre los países europeos, nuestro TLCAN tuvo problemas fundamentales de origen: a) el acuerdo sólo incluyó el libre flujo de bienes y de capitales, nunca se consideró el movimiento de personas; b) fue un acuerdo entre desiguales que no previó medidas compensatorias de cohesión social (transferencias para inversiones en infraestructura, créditos para la capacitación y el desarrollo tecnológico, etcétera) que condujeran en el largo plazo a la convergencia en niveles de desarrollo y bienestar -factor clave del éxito de la Unión Europea.

Resultado: México lleva 25 años de crecer a un mediocre 2.3 por ciento promedio anual, con un ingreso por habitante estancado y una brecha mayor que la inicial con EU y Canadá, un salario real muy deteriorado y una inequitativa distribución del ingreso y del bienestar.

A pesar del rápido crecimiento de la inversión extranjera y de la capacidad para exportar -sobre todo automóviles y sus partes, productos electrónicos y artículos ensamblados por la industria maquiladora, frutas y hortalizas- el valor agregado manufacturero nacional y la producción agropecuaria y el empleo derivado de estos sectores han caído drásticamente como porcentaje del PIB y son millones los mexicanos que se han visto obligados a emigrar a EU en busca de un empleo, de un mejor ingreso y de un mayor nivel de bienestar.

Viejos problemas como el de un débil Estado de derecho, la corrupción y la impunidad, se han hecho cada vez más agudos e inaceptables para la sociedad.

Frente a los reclamos de desarrollo, el mal gobierno y las múltiples promesas incumplidas, nos llegaron las injurias y amenazas del candidato Trump que se están empezando a hacer realidad a base de tuitazos a partir de su elección, con repercusiones negativas sin precedente sobre la economía y el estado de ánimo de los mexicanos, antes de que tome posesión de su cargo.

Los impactos más severos están ocurriendo en relación con el sector automotor y de autopartes, nuestra industria ‘estrella’ del TLCAN, pero la más vulnerable, dominada totalmente por la inversión extranjera y dependiente en 85 por ciento del mercado norteamericano. El gran reto es que el sector automotor y de autopartes, la electrónica y la industria maquiladora de exportación generan no sólo muchas divisas, sino también millones de empleos.

¿Hasta dónde pueden llegar las medidas y su impacto? Más allá de las emblemáticas torcidas de brazo a Carrier, Ford, GM y Toyota, la amenaza de una dura renegociación del TLCAN y la imposición de aranceles de 35 por ciento a los autos y componentes ensamblados en México, deja claro que estamos secuestrados por nuestra dependencia de EU.

El problema es que lo mismo ocurre en otras áreas por el crecimiento de las importaciones que, a falta de políticas sectoriales, han desplazado a la producción local -como es el caso de casi todos los granos básicos, los medicamentos y sus materias primas, los muebles y juguetes, incluso las gasolinas y los productos petroquímicos-. Las empresas fabricantes se han convertido en importadoras y distribuidoras.

La situación se ha agravado dada la caída del volumen y los precios de nuestra exportación petrolera. Sus implicaciones las hemos visto recientemente, cuando el tipo de cambio se ha deteriorado rápidamente ante realidades o amenazas Trumpeanas y ello ha tenido un efecto inmediato sobre el precio de las gasolinas importadas, que ya representan 55 por ciento del consumo nacional. El problema es que desde hace 30 años dejamos de invertir en la producción de gasolinas y petroquímicos por parte de Pemex, pero tampoco impulsamos las inversiones privadas para que se produjera en México. Si se decidiera hacer hoy la inversión en una nueva planta, la producción tardaría cuando menos cinco años en madurar.

¿Qué hacer ante esta situación?

Sin duda habremos de negociar con el gobierno de Trump desde una posición de debilidad y tendremos que reforzar hasta donde se pueda el interés propio de las empresas automotrices, de autopartes y de otras ramas vulnerables, así como de los consumidores norteamericanos para mantener las exportaciones mexicanas. Pero ello no deberá hacerse a partir de mayores concesiones en materia de importación de componentes de empresas extranjeras, cuyo nivel es ya muy elevado. Es importante que Trump y su gobierno tengan información de los numerosos empleos que México ha perdido y las empresas que han cerrado por importaciones que hacemos de su país desde el TLCAN.

Es urgente identificar cuáles serían: continuar leyendo […]

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