¿Y la estabilidad social? #Opinión Dr. de la Cruz

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La Silla Rota | José Luis de la Cruz

México transita por un camino que ya había recorrido. Las páginas de la historia nos han regresado a los momentos en donde las restricciones de finanzas públicas se tradujeron en medidas que frenaron el crecimiento económico y el desarrollo social de un país que llegó a ser una referencia en América Latina.

En la búsqueda de preservar la denominada estabilidad macroeconómica se ha puesto en vilo a la estabilidad social. Ocurrió en la década de los años ochenta, en 1995, en el periodo 2001-2003 y en el 2009. Como en esas épocas, hoy vuelve al escenario la aplicación de un programa de ajuste fiscal que busca generar ingresos excedentes al gobierno pero que lo hace en un momento en donde la economía y la sociedad se encuentran bajo la presión de la desaceleración, la informalidad, la inseguridad y la pobreza.

En otra parte de la historia de México, el ingreso petrolero sirvió para beneficiar a la población y dotar de recursos financieros al gobierno. La ausencia de un desarrollo integral del sector energético, y de su vinculación con el sector industrial, llevaron a que un país petrolero dependa de la importación de gasolinas y de otros derivados del petróleo.

Ante la depreciación del peso y el endeudamiento del sector público se ha estimado que los ingresos petroleros solo alcanzan para mantener el gasto de gobierno. Se ha claudicado en mantener el beneficio a la sociedad y no se ha logrado establecer un puente que sirva para que el sector energético sirva para dotar de insumos baratos a la industria nacional.

Las manifestaciones observadas hacen evidente algo que ha estado presente durante los últimos 15 años: en el fondo lo que observamos es la crisis social de un modelo económico. ¿Hay otra lectura al observar que hay una disyuntiva entre la estabilidad económica y la social? En el fondo, el problema es que la economía crece poco y que parte de ella lo hace en la informalidad y la ilegalidad.

No se había observado durante décadas, fuera de tiempos electorales, el incremento en el precio de las gasolinas ha generado una movilización social en todo el país, en algunos lugares se ha salido del estado de derecho. Esto recuerda que no se debe olvidar que la cohesión social es fundamental para garantizar la estabilidad de la economía.

Desafortunadamente, el estado del ánimo social se encontró fuera del cálculo financiero que llevó al incrementó en el precio de las gasolinas. No se contempló que la mitad del país vive en condiciones de pobreza y que el 96% de las empresas son micro negocios que tienen una baja probabilidad de sobrevivencia.

Para todos ellos el aumento en el precio de los combustibles se agrega a un antecedente de precarización. La crisis social del modelo económico sintetiza que hay un escaso margen de maniobra para aplicar programas restrictivos a una población pobre que en el ambiente rural no tiene 35 pesos diarios para vivir. Eso es lo que refleja la pobreza en el campo y que también existe en las ciudades. Para todos ellos, los acuerdos internacionales, de las grandes cifras de la exportación o la evolución de la bolsa de valores se encuentran en otra realidad. Para los mexicanos en pobreza y las empresas nacionales, un incremento en los precios, por mínimo que sea, les obliga a renunciar a otros satisfactores. ¿Cuáles serán las consecuencias?

A nivel internacional Grecia, Venezuela, España, Portugal, Brasil y aún Gran Bretaña constituyen un ejemplo de lo que ocurre cuando se prioriza el ajuste fiscal sobre la estabilidad social. Con su propio matiz, asociado a su realidad nacional, en cada una de estas naciones han ocurrido eventos sociales y políticos derivados de los ajustes fiscales.

Para nuestro país lo que ya se puede anticipar es un menor crecimiento económico, probablemente más cercano al 1% en 2017, una presión inflacionaria que lleve los precios al consumidor al 5% y al productor al 6.8%. Muy probablemente una contracción en el PIB industrial.

Esto último es delicado cuando se observan por los primeros efectos de lo que será la política económica de Donald Trump. Se han retirado dos inversiones millonarias de empresas norteamericanas. Y aún no comienza su gobierno. En esta materia, Barack Obama se retiró antes. La mala noticia para México es que se asociará al incremento en el precio de las gasolinas, la electricidad, el gas natural y las tasas de interés.

Todo esto no debería ser sorpresivo, las condiciones socioeconómicas anticiparon lo vendría. Desde el 2006 la pobreza aumentó a pesar de los recursos millonarios y crecientes que se destinaron al rubro denominado como desarrollo social. Hoy 55 millones de mexicanos viven en la marginalidad que la pobreza representa, y 64 millones no tienen el ingreso económico suficiente para superar las líneas de bienestar. La razón: el crecimiento económico de 2.5% no es suficiente para generar empleo formal suficiente bien remunerado.

Para los mexicanos en situación de pobreza cualquier incremento en precios se traduce en un sacrificio al precario bienestar que tienen. No es la ausencia de una ocupación que les procure un ingreso económico, el problema fundamental es el deterioro del mercado laboral en donde normalmente trabajan: lo caracteriza la informalidad, los bajos salarios y la ausencia de prestaciones sociales.

Tampoco es sorpresiva la decisión de finanzas públicas, desde el 2001 se conoce la falta de viabilidad de la política fiscal. La reducción de las tasas de interés y el aumento del precio del petróleo dio una tregua que ha terminado y ello tendrá un costo social para los mexicanos. Fuente […]

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