#Opinión La fragilidad de la economía nacional

Por José Luis de la Cruz | Director del IDIC.

La informalidad avanza al mismo tiempo que se profundiza la desaceleración de la economía. Esto último ha provocado una nueva reducción en los pronósticos del Banco de México.

Por cuarta ocasión la institución ha debido corregir su estimación, ahora se ubica en un rango de entre 1.7 y 2.5%.

El menor crecimiento se traduce en una mayor precarización del mercado laboral, las cifras del Inegi son contundentes, durante el segundo trimestre del año, 29.1 millones de mexicanos se encontraron ocupados en la informalidad, 57.8% del total. En un año, más de 700 mil personas se integraron a dicha condición, reflejando con ello la dificultad del sector productivo para generar empleo de calidad.

Lo anterior es producto de las dificultades que enfrentan las empresas. La actividad productiva de México muestra la complejidad de la coyuntura por la que atraviesa. Si bien Estados Unidos ha exhibido un crecimiento más robusto que el resto de las naciones desarrolladas, y en principio eso debería impulsar a la planta productiva mexicana, la realidad muestra que la desaceleración sigue avanzando en nuestro país.

La causa principal radica en que la inversión fija residencial norteamericana se contrae, limitando con ello el avance del sector industrial. Dicho efecto llega a México en forma de una ralentización de la producción y exportación de sus manufacturas. Aun el sector automotriz, aquel que fue pilar de crecimiento industrial durante el primer semestre de 2015 ha comenzado a exhibir un desempeño más modesto.

En poco ayuda la volatilidad e incertidumbre asociada al tipo de cambio. Prácticamente todas las semanas se tienen eventos externos que llevan a una mayor depreciación del peso, el más reciente, la medida devaluatoria anunciada por las autoridades monetarias de China. Con ello, el país asiático intenta impulsar sus exportaciones, a costa de incrementar la competitividad de las mismas mediante la manipulación del tipo de cambio.

Por el contrario, en México se intenta evitar una depreciación mayor, inyectando cantidades millonarias de dólares a un mercado cambiario inmerso en una creciente especulación. El problema de fondo es que esto exacerba la especulación e incertidumbre sobre cuál será el rumbo de la paridad del peso frente al dólar, así como de cuáles serán las consecuencias de la mayor competencia de China.

De momento, los efectos directos de la volatilidad se han trasladado hacia menores precios del petróleo y presiones en los costos de producción para las empresas que dependen de insumos, bienes y servicios importados. Cuando la depreciación supera 25% en un año deben esperarse efectos en la economía, eso es algo que debe considerarse en las semanas por venir.

asta el momento, las empresas en México no han trasladado la depreciación del peso al consumidor final; sin embargo, es una posibilidad que no puede soslayarse. Lamentablemente eso llega en un momento en el que se profundiza la desaceleración industrial. Hasta el mes de junio, el entorno económico se complica y la actividad productiva industrial no muestra un mejor desempeño.

El crecimiento acumulado de la industria fue de sólo 1.4% durante el primer semestre, sin lugar a dudas esto tendrá repercusión sobre el PIB total, el cual corre el riesgo de no crecer más allá de un 2% en todo el año.

Dicha coyuntura desafía a las reformas estructurales. En el corto plazo, los resultados de la industria tienen un sesgo de freno económico. Para superarlo es necesario reactivar la producción interna, el fomento a la inversión productiva es el único camino para evitar un menor ritmo de crecimiento.

Las importaciones no ayudarán a generar empleo, eso solamente ocurre cuando las empresas elevan su inversión. A eso apostó Estados Unidos en los tres años previos y con ello logró mejores resultados que la Unión Europea. China lo sabe y por eso generó un ambicioso programa de infraestructura en los años previos.

México debe recuperar su capacidad de producción interna, es la única manera de evitar que la desaceleración económica se profundice durante el cierre de 2015 y el primer semestre del 2016.

Artículo publicado originalmente en El Universal.

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